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CÓDICES, UN RITUAL PARA EL MÁS ALLÁ DE LA MUERTE


Su uso en la época prehispánica tuvo una gran relación e importancia como soporte de códices en los que los tlacuilos escribían la historia con glifos y en las celebraciones de ceremonias y rituales mortuorios. En general, los antiguos mexicanos hacían uso del papel amate como ofrenda a los dioses del inframundo.

Entre otros rituales, junto al cadáver se colocaron seis trozos de papel, según su cosmogonía, el primero se utilizó para pasar entre dos grandes cerros que chocaban continuamente entre sí, el segundo para atravesar un peligroso camino custodiado por una enorme serpiente. , el tercero para ofrecer al monstruo terrestre. Cada uno de los trozos de papel restantes los liberó de varios peligros y los llevó a su destino.

Cuando un personaje moría era incinerado, para ello se preparaba, se vestía con hermosas ropas, se le colocaba con las rodillas dobladas cerca de la barbilla, manteniéndolo en esta posición mediante cuerdas a modo de bulto. El cadáver fue adornado con papel y plumas, se colocó una máscara en el rostro que podría ser de plata o un mosaico turquesa. Durante la conquista y colonización española, los códices fueron cazados y destruidos por la acción del fuego con el fin de exterminar tanto su historia, como todo vestigio espiritual, religioso o mágico del mundo indígena. Por tanto, la elaboración de papel de amatl declina así como su uso, debido a la prohibición de frailes y sacerdotes así como la introducción de papel de algodón europeo de consistencia y color totalmente diferente al Primero.

A pesar de las múltiples prohibiciones religiosas en toda la colonia, algunos pueblos, especialmente aquellos que se encontraban alejados de los caminos transitados por los españoles, continuaron elaborando y utilizando el papel de la tierra en las ceremonias religiosas curativas y agrícolas que se llevaban a cabo dentro del más estricto secreto.